¿Miedo a la oscuridad?

El temor a la oscuridad es uno de los más extendidos entre los niños en todo el mundo y suele acompañar al desarrollo infantil. Suele iniciarse alrededor de los 2 años y desaparecer sobre los 9. Generalmente, el paso del tiempo y el cambio en la percepción de la realidad que se produce en los niños, hace que se vaya superando.

 “No apagues la luz, mami
Deja la puerta abierta
 Estas son unas de las frases con las que se acuesta mi hijo mayor casi cada día cuando lo acuesto y se queda a solo y a oscuras en su habitación.
Se trata del miedo a la oscuridad. Este es un tipo de miedo propio de la infancia. Se inicia sobre los 2 años y no suele disminuir hasta los 9 – 10 años.

¿Por qué ocurre?

Cuando llega la hora de acostarse para los niños supone el fin de las actividades divertidas y el comienzo de las desagradables. Supone separarse de los papis, dejar de ver la tele, dejar de jugar. Las palabras “Es tarde, vamos a ponerte el pijama” activan el resorte y, si el niño no está muy cansado, intentará por todos los medios retrasar ese momento con frases típicas como:
  • “Quiero esperar a papá”
  • “No tengo sueño”
  • “Tengo sed”
  • “Tengo pipi”
  • “Quiero dormir contigo”
 Para ellos la oscuridad funciona como un castigo, ya que supone dejar de divertirse y separarse de nosotros. Se acaba lo agradable y empieza algo aburrido o desagradable.En muchas ocasiones se trata simplemente de no querer que finalice el día y por ello se resisten a acostarse e intentan alargar todo lo posible el momento. En estas ocasiones no hablamos propiamente de miedo a la oscuridad, sino de que el niño sencillamente está expresando su frustración por tener que finalizar  algo agradable e irse a la cama. Los padres debemos dejar claro y ser firmes que es hora de acostarse.
 Cuando las razones por las que el niño no quiera quedarse solo en su habitación y a oscuras sean el miedo y el temor, los padres debemos ser sensibles a ello y tratar al niño con cariño y comprensión, evitando ridiculizarlo o reírnos de él. No debemos obligarle  a permanecer a oscuras ni actuar de forma autoritaria ya que podríamos empeorar las cosas.
 El miedo a la oscuridad en los niños simboliza generalmente, el miedo a lo desconocido. El temor a la oscuridad se asocia con diferentes miedos, como el de separación, soledad, seres imaginarios y malvados. El miedo a la oscuridad se entremezcla y amalgama con otros temores y se suele relacionar con pesadillas y terrores nocturnos.
La oscuridad les crea inseguridad y es un terreno perfecto para que su imaginación les origine malas pasadas, especialmente cuando el miedo está producido por algún cuento o alguna película que han visto, cualquier sombra puede convertirse en una imagen terrorífica.

10 formas de ayudarles.

  1. Tener establecidas unas buenas rutinas para acostarse.
  2. Dejar una luz tenue en su habitación para evitar que se queden totalmente a oscuras.
  3. Dejar la puerta de su habitación entreabierta.
  4. Contarles algún cuento antes de acostarles sin personajes que atemoricen.
  5. No permitir que vean películas de miedo y controlar lo que ven en televisión.
  6. Permitir que duerman con sus peluches u objetos favoritos.
  7. Durante el día jugar a esconder objetos en sitios oscuros como armarios.
  8. Practicar el juego del cronómetro de la oscuridad. El niño se queda en una habitación. Los padres le dicen: “vamos a salir de la habitación y cerramos la puerta. Cuando oigas ¡tiempo! Apagas la luz y cuando tengas miedo la enciendes”. Cuando vean por la rendija que apaga la luz, se pone el cronómetro en marcha, cuando encienda la luz, se para el cronómetro y se anota el tiempo en un gráfico hecho con cartulina. Se le dice el tiempo que ha aguantado y se repite la operación felicitándolo si lo mejora. Se juega  3 veces por semana.
  9. Jugar al escondite o la gallinita ciega u otros juegos que impliquen quedarse unos momentos a oscuras.
  10. Tener paciencia y actuar con comprensión.

Sólo en los casos en que el miedo le impida hacer una vida normal, produciendo auténticos estados de terror o situaciones habituales de insomnio, podremos hablar de una auténtica fobia. En los casos que esto se produzca, deberíamos solicitar la ayuda de un profesional.

Fuente: Mi mama es psicóloga Infantil

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *