Los 10 fallos más habituales al educar a un niño

1. No escuchar al niño: es bastante habitual que en muchas ocasiones no les demos tiempo suficiente a explicarse o a expresarse, cortándoles o siendo autoritarios o dando por hecho ya lo que nos van a contar sin darles la oportunidad para ello. Déjalo hablar, ten paciencia.

2. No reconocerle sus virtudes o puntos fuertes: parece que muchas veces solo nos fijamos en sus fallos o defectos para intentar corregirlos, y sin embargo nos olvidamos de alabarle las cosas que hace bien o sus puntos fuertes. El halago es un arma muy fuerte en su educación.

3. Hay que respetar su personalidad: cada niño es único y diferente. No tenemos porque educarle para que haga lo que el resto de los niños. Cada uno elige su camino, sus objetivos y propósitos, por lo que no todos los niños deben ser iguales.

4. Sobreprotegerles: es un error bastante común. La sobreprotección se produce por el temor de los padres a que le pase cualquier cosa al niño, desconfiando de su propia valía y acarreándole unas serias consecuencias. Hay que darle autonomía en su justa medida.

Using: A Little

The phrase a little is used in English to mean “a small amount.” This phrase can be used with both nouns and verbs.

We use a little before a non-countable noun to mean “a small amount of noun”:

  • Do you have a little time to chat today?
  • Jack had a little red wine and then fell asleep.
  • I need a little information about your English classes.

We also use a little after a verb to mean “a small amount of action

  • We talked a little, then left the café.
  • Jack drank a little water before falling asleep.
  • I try to exercise a little every day.

Premios y castigos

Mamás y papás, maestros, educadores y cuidadores elogiamos, premiamos y castigamos conductas diariamente, a veces sin darnos cuenta de ello y de la importancia que tienen determinadas palabras o hechos.

 A menudo nos quejamos de que nada parece tener efecto en nuestro hijo, ni bueno ni malo. Decimos, porqué así lo pensamos y creemos, que nada es eficaz, que a pesar de haber reprendido o castigado a nuestro hijo por una mala conducta éste sigue realizándola. Nos cansamos de repetir una y otra vez “no saltes en el sofá”, “no empujes”, …
En otras ocasiones, el tema es otro, parece que por mucho que le demos y le compremos nunca esté contento. La frase típica “si lo tienes todo, ¿qué es lo que te pasa, qué es lo que quieres?”
Sí, castigamos y premiamos ¿pero sabemos cómo hacerlo para que realmente los premios y los castigos tengan el efecto que deseamos y buscamos?. 
En muchas otras ocasiones ya he hablado sobre la disciplina, sobre la importancia de los elogios, de los premios y de los motivos por lo que es tan contraproducente gritar y dar esos cachetes disciplinarios …
Algunos de mis artículos han generado controversia sobre todo el de “Gritos y bofetones, razones para evitar su uso” otros han gustado más como el de “Disciplina: recompensas inmateriales para premiar a nuestros hijos”. Hoy sigo hablando de disciplina, de premios y castigos, de límites y normas. Sigo escribiendo sobre ello porqué a pesar de que nunca antes en la historia de la humanidad la infancia había gozado de tanto bienestar, hoy en día parece que la tarea de educar nos produce mayores quebraderos de cabeza y dificultades tanto a padres, educadores como a maestros y profesores. ¿Qué nos está pasando? ¿Nos da miedo decir que no, poner límites y normas en nuestros hijo? Estas son preguntas que lanzo al aire, y cada uno de nosotros tendrá su propia respuesta.
En primer lugar, parece obvio pero merece la pena recordar que, los bebés no nacen sabiendo lo que pueden o no hacer, ésto es algo que van aprendiendo paulatinamente. El aprendizaje de lo que pueden hacer o no se realiza básicamente en casa, en familia y somos los padres o cuidadores habituales los encargados de enseñar a nuestros hijos las consecuencias de sus conductas. Pensemos bien en esta premisa: “enseñarles las consecuencias de sus conductas”. De ahí la importancia de los límites y normas.
Poco a poco, nuestros hijos van a ir aprendiendo y asimilando un esquema:  conducta – consecuencia positiva o negativa. Se trata de que aprendan a pensar en lo que ocurre después de algo que han hecho, no de que nos obedezcan por miedo a la reprimenda. No obstante, los niños pequeños no tienen la capacidad de autocontrolarse, se frustran con rapidez y frecuencia (de ahí las tan temidas rabietas) y en este punto entramos nosotros como parte de su regulación emocional y conductual, mediante el establecimiento de límites y normas. Más adelante, a medida que su desarrollo cognitivo y emocional va avanzando irán siendo capaces de canalizar mejor sus emociones y autoregularse por si mismos.